
* El autor es filósofo, docente y escritor
* Diputada provincial por el Frente Amplio por la Soberanía / Ex ministra de Educación (2011-2019)
Opinión Claudia Balagué *Nos guste o no, en la nueva era del tecno-capitalismo (o tecno-feudalismo, según otros autores), el mundo está a dos clicks de distancia. Lo bueno, lo malo, el consumo y la aprobación social. ¿Qué pasa, entonces, con la educación?
Como nos recuerda Narodowski, lo escolar proyecta, acumula, requiere tiempos; en tanto, lo digital, como sentenciaba Jean Baudrillard, es la cultura del descarte y la realización inmediata, el “no sé qué quiero, pero lo quiero ya”
La tecnología escolar y la escolarización a gran escala fueron una revolución en la transmisión del conocimiento y la cultura, que vio surgir una más novedosa aún, basada en pantallas interactivas y en redes computacionales.
Mientras esta dinámica tecnológica estuvo regulada y promovida por la propia escuela y los docentes estaban en proceso de formación y apropiación de la nueva tecnología, irrumpieron los celulares.
Dicha irrupción modificó la dinámica previa, por su masividad y porque el consumo, la aprobación social y el entretenimiento inmediato se encuentran allí.
A tal punto que se generó un fenómeno disruptivo en los últimos años: la ludopatía (el año pasado aprobamos una ley, de nuestra autoría, de prevención de la ludopatía y el juego digital). Ahora bien, son los propios docentes los que detectan este fenómeno. Entonces, la escuela sigue teniendo un rol fundamental en el que los docentes son quienes pueden detectar lo bueno y lo malo que sucede en el aula.
Demostrando así que si lograramos consensuar con los y las jóvenes que sí, que podemos trabajar en el aula, y en qué tiempos podemos abrir esa puerta digital y trabajar también la “crianza digital” como plantea Lucía Fainboim, enseñaremos qué sirve y qué es peligroso, y qué lectura crítica debemos hacer de la tecnología.
Huelga decir que este tema en particular es mucho más complejo y, desde mi perspectiva personal, no lo considero conveniente en la escuela primaria y el nivel inicial.
La escuela puede ofrecer algo que ningún algoritmo garantiza: la construcción de sentido. Si logramos integrar la tecnología con mirada crítica, sin rendirnos a su lógica de consumo y gratificación acelerada, podremos formar ciudadanos que no solo usen la tecnología, sino que la comprendan y la transformen en una herramienta para su propio desarrollo.
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Falleció el 26 de marzo a los 59 años - Domicilio: Independencia 865